martes, 18 de noviembre de 2008

LOS COCHES SE FABRICAN, LOS BEBÉS NO

Con frecuencia se dice que un embrión no tiene derecho a la vida como una persona adulta, ya formada. Lo expresaba con toda claridad el periodista Michael Kinsley, en el Washington Post: «Me cuesta creer que un puñado de células –más primitivo incluso que una lombriz- tiene los mismos derechos que el lector de este artículo». Esta manera de pensar se basa en un error muy extendido hoy: un no nacido es un individuo “en construcción”. Como si los bebés se fabricasen o construyesen al modo de los coches, hasta llegar a tener su forma completa.
A la hora de explicarlo, se reflexiona, más o menos, de esta manera. Pensemos en un coche que se produce en cadena y preguntémonos: ¿en qué momento de la cadena de montaje podemos decir que ya hay coche? Algunos dirán que el coche ya existe desde el momento en que se reconoce su forma; otros pensarán con criterios más funcionales y dirán que cuando se instala el motor o se ponen las ruedas; otros, finalmente, pensarán que sólo hay coche cuando circula por una calle.
Comparar el nacimiento de un bebé con el proceso de fabricación de un coche puede ser una imagen bonita y hasta brillante. Pero es totalmente equivocada. Porque los seres humanos, a diferencia de lo que ocurre con las cosas, no son fabricadas por nadie. Dios no fabrica al hombre. Porque la vida humana «no se hace» sino que «se desarrolla». Por eso, a los organismos vivos no se les forma ni se les define desde fuera y, en consecuencia, no tienen un constructor externo. Son ellos mismos los que se definen y forman. La forma de un ser vivo está ya en sus genes desde el principio y esa forma comienza a manifestarse desde el primer momento de su existencia. Eso explica que –en el caso de los seres humanos- los embriones no necesiten ser modelados según ningún tipo. Ya son un tipo de ser concreto.
Cuando hablamos de “construir” somos nosotros los sujetos protagonistas, somos nosotros los que ponemos y determinamos la forma; cuando, por el contrario, es un ser el que se “desarrolla” es él el que guía y modela su propia forma porque tiene predeterminado su futuro. Cuando miramos la apariencia del feto o del embrión sin tener en cuenta el desarrollo intencional del propio ser, estamos prescindiendo del futuro. Ahora bien, cuando llega ese futuro y miramos hacia atrás en el tiempo, advertimos que es mucho más razonable hablar del “desarrollo” cuando se trata de los seres vivos.
Pensemos, por ejemplo, que nos fuera dado tener una fotografía de Pedro cuando todavía era eso que algunos creen que es un «mero amasijo de células». Sin miedo a faltar a la más estricta verdad, podríamos decirle: «Mira, Pedro, ese eres tú». Porque, efectivamente, ha bastado que «ese amasijo» se haya desarrollado conforme a su propia naturaleza para que llegase a ser ese que llamamos «Pedro». No ha sido necesaria ninguna manipulación ni alteración por parte de algún agente externo. Ha bastado con dejarle crecer a su ritmo, desarrollarse.
Algunos de quienes me lean –y yo mismo – podemos terminar siendo discapacitados, como consecuencia de un accidente o de la edad. En esa situación, no podremos desarrollar bien nuestra capacidad de hablar, de razonar, de elegir o de querer. Entonces nuestra humanidad estará «escondida», como cuando fuimos concebidos y éramos un «amasijo de células». Pero ¿quién se atrevería a decir que nosotros no estamos ahí? Porque, efectivamente, estamos ahí. Lo estamos, porque una persona, aunque esté en estado vegetativo, continúa siendo un ser humano hasta el momento de su muerte. Como se ve, la idea de ser humano «en desarrollo» es también muy esclarecedora respecto a la eutanasia.

Por Mons. Francisco Gil Hellín, Arzobispo de Burgos
Escrito por Ecclesia Digital
Viernes, 14 de noviembre de 2008

viernes, 14 de noviembre de 2008

CURAR A LOS ENFERMOS, PERO SIN ELIMINAR A NADIE

Nota de la Secretaría General de la Conferencia Episcopal Española
Aclaraciones sobre los hechos implicados en el nacimiento del llamado primer "bebé medicamento"


Madrid, 17 de octubre de 2008


El pasado 12 de octubre nació en Sevilla el primer bebé seleccionado para curar a su hermano, que sufre una enfermedad hereditaria, la beta-talasemia major, anemia congénita severa que le obliga a someterse a constantes transfusiones sanguíneas.
Mediante la técnica utilizada, el diagnóstico genético preimplantacional, los embriones obtenidos a través de la fecundación in vitro son examinados para seleccionar aquellos que no sean portadores del factor genético que puede dar lugar al desarrollo de la enfermedad heredada. Entre los seleccionados, se implantan en el útero materno aquellos embriones que presentan el perfil de compatibilidad genética más adecuado con el hermano enfermo. Los demás son destruidos o congelados.
Conviene aclarar al respecto las implicaciones morales que no han sido señaladas estos días por algunos medios de comunicación social.
Se ha puesto el énfasis en la feliz noticia del nacimiento de un niño y en la posibilidad de la curación de la enfermedad de su hermano. Expresada así, la noticia supone un motivo de alegría para todos. Sin embargo, se ha silenciado el hecho dramático de la eliminación de los embriones enfermos y eventualmente de aquellos que, estando sanos, no eran compatibles genéticamente.


El nacimiento de una persona humana ha venido acompañada de la destrucción de otras, sus propios hermanos, a los que se les ha privado del derecho fundamental a la vida.

Se ha calificado el hecho como un éxito y un progreso científico. Sin embargo, someter la vida humana a criterios de pura eficacia técnica supone reducir la dignidad de la persona a un mero valor de utilidad.
Los hermanos a los que se les ha privado del derecho a nacer han sido desechados por no ser útiles desde la perspectiva técnica, violando así su dignidad y el respeto absoluto que toda persona merece en sí misma, al margen de cualquier consideración utilitarista.
Por su parte, el hermano que finalmente ha nacido ha sido escogido por ser el más útil para una posible curación. Se ha conculcado de esta manera su derecho a ser amado como un fin en sí mismo y a no ser tratado como medio instrumental de utilidad técnica.

Conviene recordar a este respecto el documento de la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, del 30 de marzo de 2006, Algunas orientaciones sobre la ilicitud de la reproducción humana artificial y sobre las prácticas injustas autorizadas por la ley que la regularán en España, que señala la injusticia que se comete con los seres humanos producidos en el laboratorio, al ser tratados “como un mero producto conseguido por el dominio instrumental de los técnicos”. “La dignidad del ser humano exige que los niños no sean producidos, sino procreados (…). Por tratarse de una relación puramente personal –no instrumental- la procreación es conforme a la dignidad personal del niño procreado, que viene así al mundo como un don otorgado a la mutua entrega personal de los padres”.
Respecto a la práctica de la que hoy hablamos, se dice también en el mismo documento: “Los planteamientos emotivos encaminados a justificar estas prácticas horrendas son inaceptables.
Es cierto: hay que curar a los enfermos, pero sin eliminar nunca para ello a nadie. La compasión bien entendida comienza por respetar los derechos de todos, en particular, la vida de todos los hijos, sanos y enfermos”.
El hecho feliz del nacimiento de un bebé sano no puede justificar la instrumentalización a la que ha sido sometido y no basta para presentar como progreso la práctica eugenésica que ha supuesto la destrucción de sus hermanos generados in vitro.

La Iglesia desea prestar su voz a aquellos que no la tienen y a los que han sido privados del derecho fundamental a la vida.
Con estas aclaraciones no se juzga la conciencia ni las intenciones de nadie. Se trata de recordar los principios éticos objetivos que tutelan la dignidad de todo ser humano.

martes, 11 de noviembre de 2008

UN TRABAJO SOBRE SAN PABLO

SAN PABLO
Saulo de Tarso, Apóstol del cristianismo que él transformó en religión
universal. Fue contemporáneo de Jesucristo e incluso estuvo en Jerusalén
en la misma época que él, aunque probablemente no se conocieron. Nació en
Tarso, en Cilicia de un padre que era ciudadano romano , en el seno de
una familia en la que la piedad era hereditaria y muy ligada a las
tradiciones y observancias fariseas. Pertenecía la tribu de Benjamín, se le dio
el nombre de Saúl (o Saulo) que era común en esta tribu en memoria del
primer rey de los judíos.

San Pablo (óleo de El Greco)
Pablo tenía una sólida formación teológica, filosófica, jurídica, mercantil y
lingüística (hablaba griego, latín, hebreo y arameo). Participó en las primeras
persecuciones contra los cristianos. Pero durante un viaje a Damasco, poco
después de la crucifixión de Jesucristo, se convirtió a la nueva fe, que por
entonces era considerada una secta herética del judaísmo (según su propio
relato, fue el mismo Jesús el que se le apareció).
Desde entonces San Pablo se convirtió en el más ardiente propagandista del
cristianismo, que contribuyó a extender más allá del pueblo judío, entre los
gentiles: viajó como misionero por Grecia, Asia Menor, Siria y Palestina; y
escribió misivas (las encíclicas) a diversos pueblos del entorno mediterráneo.
Los escritos de San Pablo adaptaron el mensaje de Jesús a la cultura
helenística imperante en el mundo mediterráneo, facilitando su extensión
fuera del ámbito cultural hebreo en donde había nacido. Al mismo tiempo,
esos escritos constituyen una de las primeras interpretaciones del mensaje de
Jesús, razón por la que contribuyeron de manera decisiva al desarrollo
teológico del cristianismo .
Proceden de la interpretación de San Pablo ideas tan relevantes para la
posteridad como la del pecado original; la de que Cristo murió en la cruz
por los pecados de los hombres y que su sufrimiento puede redimir a la
humanidad; o la de que Jesucristo era el mismo Dios y no solamente un
profeta.
En su esfuerzo por hacer universal el mensaje de Jesús, San Pablo lo desligó
de la tradición judía, insistiendo en que el cumplimiento de la ley no es lo
que salva al hombre de sus pecados, sino la fe en Cristo; en consecuencia,
polemizó con otros apóstoles hasta liberar a los gentiles de las obligaciones
rituales y alimenticias del judaísmo (incluida la circuncisión). En el país de
los judíos fue mal acogido; estando en Jerusalén fue detenido, juzgado y
enviado a Roma. Probablemente murió allí ejecutado.
Rosario López y Lidia Ruíz.
1º Bachillerato F
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